N U E V A S F U E R Z A S

“pero los que confían en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas:
correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán” Isaias 40:31

Todos queremos y podemos disfrutar de la capacidad de ser independientes y capaces al correr de los años. Dios ha prometido respaldarnos tanto en la debilidad como en la victoria, en la salud como en la enfermedad, en la escasez y en la abundancia. Porque ninguna de esas cualidades depende en absoluto de nuestra inteligencia, de nuestro poder económico, ni siquiera de nuestra propia santidad. Nuestra realidad cotidiana está condicionada por factores genéticos y geográficos, posición socio-económica, alimentación, estilo de vida e integración social; pero sobretodo esta moldeada y protegida por la percepción de nosotros mismos, la auto-estima, que a su vez es producto de nuestra realización profesional y espiritual.

Si logramos buenas relaciones con los compañeros de trabajo, nuestros vecinos y los participantes de nuestra fe, entonces, quizá, habremos alcanzado al menos fuerza moral y aceptación suficiente, para seguir existiendo ahí hoy y mañana. Pero lamentablemente, ahí no termina todo; ¿qué tal si el médico nos diagnostica consoladoramente, que no es nada del otro mundo, que lo tomemos con calma, que dentro de diez años ya tendremos la cura?.

Afortunadamente, tenemos un Médico, Proveedor Y Maestro, conocedor de todas las especialidades: Cristo Jesús. ¿Y cómo es eso?. El es nuestro Creador, nuestro Redentor, nuestro Guía y Consolador. ¿Cómo pues, no atenderá, la más mínima falla o necesidad en sus criaturas? Tú y yo somos miembros selectos de esas criaturas, de modo que por los méritos del Sacrificio único y exclusivo de Jesús en el Gólgota, entramos en la posición de reclamar sus servicios, frutos, ministerios, dones y promesas, preparadas para los que le aman. Si El nos prometió nuevas fuerzas, definitivamente las tendremos. Y no sólo eso, sino también su compañía, para asegurarse de que todo nos salga conforme El ya ha predeterminado en Su Voluntad, y no conforme a nuestros pasajeros caprichos o deseos.

Hay unas reglas, unas condiciones, con las cuales podemos familiarizarnos, para permitir que Dios intervenga en nuestra realidad cotidiana y en nuestro porvenir.

continua

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